Autora: Alba Martín
Víctima de las locuras y paranoias de su madre, una mujer demente que le dio la vida, pero después se la quitó. Aurora Rodríguez madre de Hildegart hizo de ella una niña prodigio a la búsqueda de una raza de seres humanos puros y perfectos. Cuando Hildegart quiso volar del nido, su madre no lo consintió y no dudó en terminar con su vida.
El capricho de la heredera.
Hildegart nació el 9 de diciembre de 1914 en Madrid. Su madre, Aurora, es una mujer que pertenecía a una rica familia de Galicia. Cuando Aurora quedó huérfana de padre heredó una importante fortuna familiar. Tenía 35 años y la cabeza repleta de mensajes recibidos de las múltiples lecturas a las que dedicó todo el tiempo, que no fue educada de manera convencional. Marx, Nietzsche y, sobretodo, las nuevas ideas sobre la raza y la eugenesia que defendían la creación de seres puros y superiores al resto de la humanidad, calaron hondo en Aurora. Su misión en la vida fue entonces engendrar uno de esos seres perfectos. Buscó un hombre para quedar embarazada y marchó a Madrid donde Hildegart nacería en el invierno de 1914. Al principio el padre pudo visitarla, pero cuando Aurora vio una posible influencia paterna en la pequeña prohibió que lo viese.
La niña prodigio.
Aurora comenzó su proyecto de crear una niña prodigio. Aislada del mundo infantil la madre sometió a Hildegart a más que estricta educación. Con tan solo tres años, Hildegart hablaba, sabía leer y escribir. Con ocho años conocía otras lenguas como el inglés, francés y alemán. Con trece años terminó el bachillerato y empezó derecho, se licenció con diecisiete años. Filosofía, letras y medicina fueron otras carreras que también estudió. En todo este tiempo de estricta educación Hildegart empezó a ser conocida por su excepcional currículum académico y fue invitada a dar conferencias y a participar activamente en la vida política en las filas del PSOE y del sindicato UGT. Implicada en distintos temas sociales, ayudó con sus conocimientos y su fama a la iniciativa del doctor Gregorio Marañón de crear la Liga para la Reforma Sexual Española en defensa de la emancipación de la mujer tanto en la educación, la libertad como en la igualdad de derechos.
La niña rebelde.
Mientras Hildegart crecía, estudiaba y participaba en distintas campañas políticas, la sombra de su madre prevalecía siempre a su lado. Aurora revisaba y controlaba todos los movimientos de su hija a la que dirigía en silencio desde su nacimiento. Pero era inevitable que tarde o temprano ella querría volar libre y cortar de una vez el rígido cordón umbilical que aún le unía involuntariamente a su madre. Su capacidad de trabajo y su fama que ya era internacional la hicieron entrar en contacto con grandes intelectuales del momento. En distintas ocasiones Hildegart había intentado alejarse de su madre o había empezado a arreglarse, hablar con algún chico, todas las respuestas de su madre eran siempre las mismas, una amenaza de suicidio.
La niña destruida.
Aurora creía que una conspiración secreta quería arrebatarle a su gran obra, creyendo que todo el tiempo y el esfuerzo invertido iría a parar a otros. Ante la disyuntiva de dejar marchar a su hija o continuar agarrándola con fuerza, Aurora no pensó otra cosa que una solución drástica, deshacerse de ella. Ella la creó, ella la destruiría. El 9 de junio de 1933, cuando Hildegart dormía, Aurora la mató disparándole tres veces en la cabeza y uno en el corazón. Así terminaba una truculenta, triste y desdichada historia. Aurora fue condenada a veintiséis años de prisión, Durante la Guerra Civil su rastro desaparece en el manicomio de Ciempozuelos.
La historia de Hildegart, una niña del bando perdedor, fue sepultada durante años de la dictadura. Su triste y dramático final ensombreció la vida prodigiosa de esta mujer.
Algunas de las reformas sexuales por las que luchaba.
Iguales privilegios y obligaciones para hombres y mujeres en cuanto a su vida sexual, como en sus vidas políticas y económicas.
Liberación de las relaciones maritales de la dominación de la Iglesia. Reforma de las leyes que regulan el matrimonio y el divorcio.
Control de la concepción (anticonceptivos) de forma que la procreación pueda ser realizada de forma deliberada y sólo con un debido sentido de la responsabilidad.
Protección de las madres solteras y de los hijos ilegítimos.
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